sábado, febrero 18, 2012

Viejas Amistades

I.

No recuerdo como fue que nos hablamos la primera vez...

II.

Ayer por la mañana me marcó, fue de esas llamadas que no esperas, no tanto porque no te llame seguido, más bien porque sabes que cada vez que recibes esa llamada algo anda mal. Así fue. 
Me pidió vernos, de forma imperativa como siempre. No ahondó en detalles, solo dijo "En media hora estaré en tu casa". Ni como salirme, acababa de despertar y todavía tenía que tomar un baño y arreglarme para ir a trabajar; por más que me apresurara no lograría estar fuera de la casa antes de ese tiempo. 
Un día antes, el Miércoles, me la topé en la calle, iba como siempre con su mirada pesimista, su andar lúgubre y su sombrero viejo de tela negra deslavada. -Hola!- me acertó- justamente pensaba en ti! tenía pensado visitarte un día de estos!- Traté de evadirla diciendo que estaría bien reunirnos, que lo planeáramos y lleváramos a cabo en unas semanas. Pareció darse por satisfecha con esa respuesta, hasta dudé de la calma con la que me dijo -Claro! nos hablamos!- y cada quien prosiguió su camino. 

III.

Era hora del recreo. Los niños salían presurosos para aprovechar al máximo esos 30 minutos que teníamos para almorzar, jugar, descansar y hasta ir al baño antes de retornar al martirio rutinario de las clases. En el patio central de la escuela, una zona rectangular del tamaño de un campo de futbol americano, los niños corrían y jugaban cuanto juego se les ocurría. llenando por completo el patio y sin dejar avanzar libremente a cualquiera que estuviera deambulando. Habían también dos patios pequeños que estaban al oriente del patio principal, eran pequeños, pero suficientes para aquellos que deseaban llevar a cabo actividades más tranquilas como jugar a las canicas, al trompo, al yo-yo, a los "tazos" o a las "pepsi cards".
Ya desde entonces disfrutaba de deambular sin rumbo fijo, con la simple intención de observar todo lo que pasaba a mi alrededor. Mi amiga, como siempre, iba conmigo. Acostumbrábamos analizar el comportamiento según juegos (los que jugaban tazos, los de los yo-yos, los de las canicas, los "populares" que casi siempre jugaban a las traes con las niñas, los "payasitos" que se la vivían de broma en broma) al tiempo que caminábamos esquivando a la multitud de niños que no percibían ni por error nuestra existencia. Eramos dos solitarios en rondas deprimentes; deprimentes como mi amiga. 

IV.

-No puedes hacerlo- me dijo.
-Claro que puedo, te lo he demostrado muchas veces.
-No me has demostrado más que fracasos.
-Eso no es cierto y lo sabes. Además, si decido estudiar dos carreras al mismo tiempo es muy mi pedo.
-Pues si, pero te estoy avisando: no puedes hacerlo. No te va a salir.
-Piensa lo que quieras, ni si quiera sé por qué platico de esto contigo.
-Porque sabes que siempre te digo la realidad.
-¿Cuál realidad? tú eres muy pesimista.
-Date de topes entonces, pero luego te aguantas cuando te diga "te lo dije".
-Como sea!...

V.

-¿Te acuerdas cuando jugábamos juntos, en la vecindad?- me pregunta al tiempo que saca su hostigante libreta. Siempre anda de un lado a otro con esa libreta vieja, forro de vinilo café, con una liga para evitar que se deshoje por lo viejo y lo usado que tiene. Siempre anda anotando cada error, cada fallo, cada caída, todo. Ella dice que es un experimento, un registro detallado de cada momento en el que uno falla, para que no se me vayan a olvidar mis errores. ¿Cómo podría yo olvidarlos?, si cada vez que la veo se esmera en recordármelos. 
-Si lo recuerdo, eras la única que me hacía caso. 
-Eras muy introvertido, en la escuela también. además, quién querría jugar contigo, si eras todo raro!
-Lo sé, yo estaba ahí, ¿recuerdas?
-Uy! qué genio! Te diría que ya te consiguieras novia, pero quién te va a querer así: pobre y jodido... ya sé! mejor consíguete un perro! nomás no lo vayas a matar de hambre, con eso de que eres bien olvidadizo! 
-Ya vete, hoy andas muy insoportable.
- Ves! y luego me dices insoportable a mí!, a veces no sé por qué sigo viniendo a verte! malagradecido!- se aleja murmurando no sé qué más, ya no quise oír, además de que se alejó con prisa... Proseguí con mis pendientes, traigo mucho trabajo en el despacho como para pensar en ella. De por si tengo que lidiar con quitarles sus casas a estas pobres gentes que ya no tuvieron para pagar... a veces no sé qué hago metido en este lugar, nunca me gustó trabajar para empresas, y eme aquí, trabajando para un banco, demandando a los que perdieron su empleo y se retrasaron en el pago un par de meses. "Es un trabajo, nunca vas a conseguir un trabajo que te guste, no tú, que a duras penas estás terminando tu carrera, recuerda que no eres ni tantito bueno, es mejor que te vayas a costumbrando a tener trabajos mediocres, como tú". Esas palabras siempre le salen de su boca cada vez que menciono la idea de renunciar. En verdad no sé a veces por qué sigo juntándome con ella.

VI.

-Te dije que no podrías!
-Ya vete ahorrando el sermón, a ver cómo le hago, pero sacaré la prepa adelante.- Ya sabía que me diría eso. Voy caminando por el centro de la ciudad, 9 de la mañana y todos están en la escuela o el trabajo, y yo camino sin rumbo. No sé por qué me engañé pensando que podría estar en una escuela, siempre me ha costado trabajo aprender. Odio que Ella tenga razón, ahora tengo que ver cómo hacerle...
-Deberías conseguir trabajo, algo en alguna fábrica o no sé- esta vez usa un tono más discreto, ya no burlón. A veces si se da cuenta que necesito que sea prudente conmigo. Vuelve su tono suave, casi dulce, por momentos pareciera que en verdad me quiere consolar. -Verás que trabajando podrás sobrevivir, algo habrá que no requiera de mucha habilidad, y podrás sobrellevar tu vida.
A veces quisiera que hubiera alguien más a mi lado, alguien más optimista, que me hiciera sentirme seguro. Pero debo admitir que ella siempre ha estado a mi lado, es muy tosca, muy negativa y se empecina en mis errores y en que no valgo nada, pero no me ha abandonado... mal que bien, es la única que tengo.

VII.

-Ya tenía tiempo sin verte! te me pierdes, canijo!- Dijo entusiasmada, al tiempo que me hacía a un lado, abriéndose paso por la puerta y entrando a mi casa, caminó hasta mi habitación y prosiguió - Ya me enteré de que te enamoraste! mira que eres gacho y no me buscas para contarme nada! a ver, cuéntame, quién es? dónde la conociste? De seguro está fuera de tu liga, tú siempre le tiras demasiado alto a todo... por cierto, cómo vas con los trabajos? ya te despidieron del despacho?
-Hablas como merolico, caray! una pregunta a la vez!- le insto, al tiempo que continuo arreglándome para ir a trabajar.- No me han despedido, ya tengo dos años ahí y creo que estoy haciendo un buen trabajo, me siento satisfecho.
-Bueno, no ha de ser tampoco el trabajo más difícil del mundo entonces... oye y sigues de maestro? nunca supe por qué te dieron ese trabajo...
- Sigo dando clases, pero particulares, la academia cerró.
-Ah! ya decía yo -dijo con tono de victoria.- Bueno, qué se le va a hacer!... pero no te desvíes del tema! no vine hasta acá para escuchar de tus fracasos laborales; cuéntame de esta muchacha!
-Qué quieres saber? más bien vienes como siempre, con esa maldita libreta tuya a anotar mis fracasos y a ignorar mis victorias... no tengo ganas de jugar tu juego deprimente de ver lo malo en lo bueno.- le digo un poco molesto. Me siento un poco mal de hablarle así, pero tenerla en mi vida ha sido siempre un fastidio; admito que al principio no tenía a nadie más, y siempre estuvo ahí, con su libreta anotando y recordando cada error, cada fracaso, pero ahí, presente, para no sentirme solo... pero ambos hemos crecido, con el tiempo me fui alejando, con excusas, con pretextos tontos, a veces no me creía y me seguía... otras tantas desconfiaba, pero aceptaba y se iba. Hoy no pretendo mantenerla a mi lado. -Mejor di lo que tengas que decir. Di que no me amará, di que soy poca cosa para ella, que no merezco su amor. Di que tengo todo en contra, anótalo si quieres, y luego vete, porque tengo prisa, prisa por vivir.
-Mira que te levantaste de pésimo humor, eh! bueno, si no me quieres aquí me iré. Solo dime su nombre para anotarlo, porque veo que esta vez si estás consiente de lo que eres, o más bien de lo que no eres, por lo menos esta vez si sabes que no te hará caso. ¿Cómo me dijiste que se llamaba?
-No te lo dije, y no te lo diré, porque ese nombre no irá en tu libreta de mis fracasos, y me sé la perorata que siempre me cantas cuando encuentro algo nuevo en mi vida que me llena de ilusión, y admito que algunas veces tienes razón, pero estoy un poco harto de que te la pases resaltando mis errores y menospreciando mis logros y mis aciertos. Este nombre no estará en tu lista, de una buena vez te lo digo, este nombre, sea lo que fuere, pase lo que pase, esta mujer no será un error. Ahora, si me permites, ya me voy. te quedas en tu casa, pero no te pongas cómoda porque no quiero que estés aquí cuando regrese. - tomo mi saco y mi maletín, las llaves del buró y me salgo sin molestarme en cerrar con llave. enciendo el motor de mi auto y me voy, con ese mal sabor de boca que me deja el tratarla así, a ella que desde que tengo memoria ha estado en mi vida... no recuerdo cómo fue que nos hablamos la primera vez... ni siquiera recuerdo la fecha, solo sé que ella, mi depresión, siempre ha estado en mi vida... sé que no me abandonará, pero entre menos la vea mejor para mí, porque ya no pretendo aguantarla. Ojalá se diera cuenta y se marchara. quizá mañana, quizá se canse de que le demuestre que está equivocada, tengo mi fe y mi esperanza depositados en mi futuro, y esta vez no voy a permitir que ella lo escriba en su libro, esta vez no será un error.


Plata.

No hay comentarios.: