miércoles, febrero 29, 2012

Carta sin título

Hoy te escribo desde el umbral del deseo, a ti, que permaneces oculta, con ansia y con celo.
Desde hace tiempo te escribo y no has sabido escuchar las palabras que emanan de un sentimiento. A ti te escribo con el alma hecha nudos, A ti, que en los tiempos de calma levantaste arrabales en el vecindario de mi soledad; a ti que soltaste los sueños de sus jaulas, les diste una prenda tuya y ahora te buscan entre rincones de un lugar donde alguna vez me viste en letras. A ti que te llevo en la sangre; a ti, dulce tormento de vigilia, fruta prohibida que una y mil veces probaría; a ti, que eres foto en mi cartera, recuerdo constante de una caricia sincera que nadie escuchó, árbol caído entre el bosque sin un alma para atestiguar el sonido que sueltas en el placer de unas sábanas inexistentes. Hoy te escribo con la rabia de no saberte mía, con la alegría de saberme tuyo. Te escribo a ti que te sabes deseada, que me sabes deseándote y así me tomas con la ignominia que pueda causar, que me tienes en secreto, y en secreto soy guarida de tu piel de arena. Hoy te escribo, morena, con las causas y los azares, con los tibios albores de una mirada, con mi pálida piel que toma color con tus caricias y mis ventanas sucias por la lluvia que trajo tu ausencia. Y escribo sin saber bien el motivo, como niño perdido en el supermercado, fijando mi prosa en el pasillo de Enamorados. Te escribo a ti, oculta en tu amor disfrazado de indiferencia, a ti mis letras, mis sueños, mis deseos, mis placeres y mis dolores, a ti te entrego las ovejas que cuento por las noches, a ti te quiero, Te quiero, a ti, con todas tus vicisitudes, con cada estrella en tu cuerpo, cada acierto y cada defecto; te quiero a ti, con el ir y venir de tu mirada, cuando la ausencia de tu risa y cuando la presencia de tus caricias; te quiero a ti, con o sin tu cariño, con celo sin derecho, con pasión prescindible, con la vida que tengo te quiero, aunque no la quieras, te quiero.

Tuyo Siempre:

Plata.

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