Manuel, al tiempo que su madre le daba de chanclazos repetidamente en la cabeza, no tuvo idea del por qué de esa reacción de su madre al pasar por él a la escuela.
07:02 horas.
Iba bastante tarde al trabajo y con las prisas decidí dejar a mi hijo, Manuel, en la puerta principal en lugar de esperarme a encontrar estacionamiento, para que él no llegara tarde a sus clases. Tomó su mochila como de costumbre, se despidió presuroso y comenzó su trote al salón de clase. Yo no reparé en ver que llegara hasta él, ya bastante tarde iba para dar mi clase. Aquí en la preparatoria donde enseño es siempre un caos encontrar lugar para estacionar el auto. Me tardé unos diez minutos en conseguirlo, tomé mi maletín y apresuré el paso. Como era de esperarse, cuando llegué a mi salón de clase, los muchachos se encontraban con el acostumbrado ruido de las pláticas y bromas entre jóvenes, sin embargo apenas repararon en mi presencia se alinearon y sentaron rápidamente. "Buenos días" les dije, convine en no entrar en disculpas por mi tardanza, son jóvenes y para ellos entre más me tarde mejor "Abran sus libros en la página 26, hoy vamos a hablar sobre Sócrates, Juanito siéntate derecho..."
-"Quiuvo" Milo, qué tranzita por tu mente...-dijo Rodrigo cuando estrechó la mano de Manuel.
-Nada "compare", traigo ganas de desayunar algo, ¿me acompañas?
-No'mbre carnal, tengo clase, igual que tú, pero a mí sí me friegan si falto.
-'tá bueno, compi. Te veo de rato.
Manuel, que ya tenía hambre, se apresuró al puesto de gorditas que estaba a una cuadra de ahí. En realidad no le importaba mucho faltar, el día de hoy sería de irse "de pinta", lo había decidido desde un día anterior cuando tuvo el pequeño incidente con Ana.
Puso sus cosas en una mesa bacía, pidió 3 gorditas de barbacoa y dos de chicharrón, tomó una coca cola del refrigerador y se sentó a esperar tranquilo. Para hacer la espera menor decidió encender un cigarrillo, las primeras bocanadas de humo recorriendo sus pulmones le trajeron cierta serenidad, no cabía duda, "hoy es un buen día" pensó.
Maribel: Es un idiota, mejor ya olvídalo Ana
Jazmín: Si, ya sabes cómo es de chistosito, neta no vale la pena
Ana: Si, ya sé, pero me da coraje y...
Jazmín: Pues cómo no te va a dar coraje, se portó ojete.
Maribel: Nomás estás pegando más corajes, mejor ya olvídalo.
Jazmín: Si, ya total, si vuelve a hablarte lo mandas a la fregada.
Maribel: Neta, ya equis.
Ana: hmmm... ¡ay güey! ya llegó el profesor, siéntense.
10:55 horas.
"¡Y no se les olvide para la próxima clase tener listo el reporte que les encargué!" les grito. No sé ni para qué me molesto, ya todos tienen todo guardado y se enfilan como locos hacia la puerta. "Creo que iré a comprar un café rápido, tengo cinco minutos antes de que llegue mi siguiente clase, creo que es el salón en donde está Manuel." me digo a mi mismo, para esa hora siempre me ha sentado bien el café.
Le doy un sorbo a mi café de olla recién servido al tiempo que apresuro mi paso hacia el salón, el sabor que me queda en los labios inevitablemente me hace pensar"¡Mmmm qué bien hace el café Doña Margarita! además de rápido que lo atiende a uno, justo a tiempo para poder llegar a mi clase." Ya deben de estar todos ahí. Entro, dejo el café a un lado y comienzo a escribir en la pizarra una frase de Moliere, cuando termino me doy la vuelta y pregunto "¿Alguien me puede decir quién dijo esta frase?". Examino al grupo para ver si alguien levanta la mano, fue ahí cuando noté que Manuel no estaba. No es la primera vez que falta a mi clase, quizá se le pasó el tiempo platicando con sus amigos. Miro mi reloj, las 11:10, será mejor preguntar. "¿Alguien sabe dónde está Manuel?"
Se agacha un momento, observa la mesa, frunce un poco el entrecejo, toma el palo y comienza a colocarse en posición para realizar el tiro. Manuel es bueno en el billar, sobre todo en este tipo de tiros. Se detiene un momento, toma su botella de cerveza y le da un sorbo, la devuelve al filo de la mesa, se vuelve a acomodar y realiza el tiro sin mayor reparo. Dos bolas van directo a la buchaca.
-¡Qué te dije, gordito! si esas me salen naturalitas.
-Naahj, eso es pura suerte, Milo...
-¡Sí, gordito, quisieras!
Ana: te digo que va a preguntar por él.
Maribel: Sí, ya sé, pero tampoco creo que debas decirle que no ha entrado en todo el día, qué tal que está enfermo.
Jazmín: Si está enfermo su papá no va a preguntar por él, Maribel. Es obvio. Además él solito se busca los problemas, yo digo que si pregunta de volada le digas.
Ana: Shhh, ya llegó el profe.
Maribel (susurrando): no le digas Ana, neta no.
Profesor Sánchez: ¿Alguien sabe dónde está Manuel?
Ana: No profesor, Milo no ha entrado a ninguna clase en todo el día, ni siquiera lo hemos visto hoy...
13:35 horas
"Ya no debe tardar mi madre en llegar, mejor me voy a donde me recoge" piensa Manuel, al tiempo que toma su mochila y comienza a caminar a la puerta de la escuela donde su madre siempre se detiene para llevarlo a casa. Al tiempo que camina, se ha dado cuenta que quizá fue un poco grosero con Ana; no le importa, sin embargo, pues no ha mentido ni mucho menos, al contrario, al menos para Manuel, el haberle dicho "Perdón Anita, pero no me gustan las gordas" sólo representaba ser sincero y evitar que Ana se enamorara de él pues, indudablemente, sería romperle el corazón de una manera atroz.
La camioneta llega, Manuel -que ya había comido algo de chicle para quitarse el aliento de las cervezas y los cigarros, además de haberse rociado con un poco de desodorante- va del lado del copiloto, abre la puerta y se sienta. No pasaron dos segundos después de cerrada la puerta cuando comenzó a recibir sendos golpes de una forma que hace años no los recibía por parte de su madre. Apenas alcanzó a darse cuenta que era con una chancla con lo que le estaban pegando. "¡Cómo se te ocurre! eres un desgraciado, ¿en qué estabas pensando? Así no te hemos educado, ¡vas a ver cuando llegue tu papá!" eran los gritos que acompañaban la tremenda tunda propinada por su madre.
Manuel, al tiempo que su madre continuó con la reprimenda física de chanclazos en la cabeza, no tuvo idea del por qué de esa reacción de su madre al pasar por él a la escuela. Pensó que era una reacción exagerada, si bien sabía que era obvio que se darían cuenta que se fue de pinta, no era la primera vez que lo hacía. A sus 17 años ya tenía tiempo que acostumbraba a irse de vez en cuando. Los regaños siempre estaban presentes, pero en un tono más aleccionador. Y cómo podría imaginarse el por qué de esa exagerada reacción, si él faltó a clase de su padre, por lo que no se enteró lo que Ana le había confesado a su padre al preguntar por Manuel.
11:10 horas.
Profesor Sánchez: ¿Alguien sabe dónde está Manuel?
Ana: No profesor, Milo no ha entrado a ninguna clase en todo el día, ni siquiera lo hemos visto hoy... y también es un grosero, y fuma, y toma desde hace tiempo.
Fin.
Plata.

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