-Encuentro ridículo buscar algo que ya encontré, incluso lo encuentro tedioso. Sí, podría pensar que encontraré algo mejor... ¿mejor para quién? en estos momentos no se me ocurre algo mejor (y miren que soy ocurrente, tengo bastante creatividad). De todas maneras de qué me serviría encontrar alguien mejor, si es a ella a la que quiero. Claro, lo primero que podrían decirme es "no son compatibles, ella no busca lo mismo que tú...bla, bla, bla". ¡No! Señores por favor tengan un poco de seriedad. Yo elegí amarla, sabía que encontraría cosas que no me gustaban, más cuando las encontré seguí amándola, porque -a riesgo de ser cursi- lo que amo de ella es demasiado, en comparación con lo que no me agrada. Y sí, resulta hasta obvio para mí el saber que nunca nadie será perfecta, por eso no busco perfección, busco sólo que yo la encuentre perfecta para mí y, por supuesto, también que ella me ame. Bueno, eso pasó, ella me amó... no sé si fue real, si sólo fue un espejismo para ella o si aún perdure ese sentimiento. Tampoco sé -y reconozco que me frustra- qué fue lo que evitó que ella conservara ese amor por mí (lo primero que se me viene a la mente son el montón de defectos que colecciono de manera involuntaria, como las canicas cuando niño: comienzas teniendo una o dos, y sin darte cuenta en un mes ya tenías una bolsa llena, algo absurdo porque siempre juegas con tus dos o tres favoritas) lo que sí sé es lo siguiente: Entré a su corazón. El cómo y el por qué tardaría mucho en explicarlo y probablemente no alcanzaría a expresarlo de manera correcta, después de todo ni yo mismo alcanzo a comprender como esa mujer -que se me antoja perfecta- se llega a fijar en un tipo como yo -que me antojo imperfecto. Lo que me lleva a lo importante: LA AMO. Sí, así, con mayúsculas. De aquí partimos al hecho de que quiero estar con ella, casarme, formar una vida juntos. Dios, hasta pensé en repetidas ocasiones en comprar un anillo y proponerle eso mismo. Sí, lo sé, esa mirada suya tiene un "¿y por qué no lo hizo?" gritando por salir. No lo hice porque seguramente eso la asustaría. No es tampoco que quiera casarme en el mes que viene -aunque no me molestaría- pero darle esa confianza de que la persona que ama le corresponde ese sentimiento al grado de querer comprometerse, aún cuando pasen años antes de que sea el momento indicado para matrimoniarnos... ¿En qué iba? ¡ah, sí!... bueno, y qué si quiero pasar con ella el resto de mis días pero ella no quiere hacerlo... pues fácil: me chingo. Pero ¿qué tan malo es chingarse? Para mí, partiendo de la premisa que le conté en un principio (ya sabe, esa de que encuentro ridículo buscar algo que ya encontré) chingarse resulta en aceptar que estaré solo el resto de mi vida, o hasta que -Dios me oiga- ella recuerde ese amor y le surja el deseo de estar conmigo... Ahora, usted podrá decir que esto suena patético, después de todo ¿Quién en su sano juicio decide esperar a una mujer que le dijo anteriormente que hay cosas en él con las que no quiere vivir el resto de su vida? Bueno, amigo, debo decirte que ante todo tienes que saber dos cosas de mí: la primera es que soy un romántico, algo que decido sea una cualidad y no un defecto en mí; lo segundo es que mi vida la rijo por tres principios fundamentales: la esperanza, la fe y el amor. Dicho esto he de decir que me parece totalmente coherente el elegir tener esperanza y fe en ese amor que ella despertó en mí -y que elijo creer que logré despertar en ella- y que, llegado el momento, ella decidirá darle a ese amor una oportunidad. Sí, señor mío, lo sé, no tiene por qué verme así, soy idealista, pero no pendejo. Sé que las posibilidades son limitadas, casi nulas más bien, pero piénselo así: Mientras la mayoría se rinde cuando las cosas no le favorecen, yo en cambio apuesto hasta el final, y eso, eso amigo mío, es una virtud... Pero... no puedo evitar aceptar que es difícil, duele bastante imaginar que ella seguirá con el que ahora está o que -igual de doloroso porque no estaré ahí para tener esa oportunidad- cuando termine con él conozca a alguien más y se enamore, tome otro rumbo y me desvanezca en su memoria... Cierto, le dije a usted hace un momento que elijo esperarla porque es el amor de mi vida, también recuerdo haberle dicho que no soy un pendejo. Sé que si ya no estoy en su vida, cuando ella llegue a estar soltera no existen muchas posibilidades de que ella me busque -aún cuando alguna vez me prometió buscarme, incluso recuerdo una vez en la que ella, segura de si misma, me dijo que estaríamos juntos más adelante (aunque para serle franco no creo que ella recuerde ahora esas palabras)... ¡No, señor mío, no! le prohíbo que me de usted esa mirada de condescendencia y lástima, no turbará mi fe en este amor que le tengo y que sé que aún existe dentro de ella. Que sea pues lo que ella quiera que sea, pero le insto de forma tajante a quitar esa mirada de reprobación en su rostro...
-Señor, lleva aquí hablando un buen rato, le repito: ¿hay algo más en lo que le pueda ayudar DE TRANSACCIÓN BANCARIA? De no ser así, le voy a pedir de favor siga su camino, porque me está deteniendo la fila.
-¡¿Ah?! ¡oh! sí, claro, disculpe usted, que tenga buen día.- El cajero del banco suspiró de alivio y llamó al siguiente en la fila, mientras yo me enfilé a la salida, aún con el mal sabor de tu partida, y aún con la esperanza de volver a verte algún día.
Plata.
martes, septiembre 18, 2012
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