El inicio no siempre es como debiera ser, y en lo particular me causa serios problemas. Si hablamos, por ejemplo, de un libro o un poema, me resulta casi imposible comenzar a escribir. Recurro casi siempre a elaboradas estratagemas para definir el comienzo de un escrito, básicamente es un circo romano: comienzo por capturar y encarcelar algunas ideas de pueblos conquistados dentro de mi cerebro; tomo a mis mejores centuriones -sentimientos- por otro lado y los formo al rededor del campo de batalla, donde ya aguardan en el centro aquellas ideas previamente dotadas de unas cuantas armas -palabras- para defender su vida; añado unos cuantos leones -pasiones- en puntos estratégicos (sin alimentar por varios días, ya saben, para añadir dramatismo y sangre a la ecuación y, sí, por mero morbo); como es mi imaginación el campo de batalla, todo se vale, y por supuesto que las ninfas -lujurias y erotismos- me resultan un plus que genera siempre el toque necesario -al menos necesario para mí- para la correcta contienda, la cereza en el pastel. Acto seguido anuncio con bombo, cornetas y platillos el tan esperado festín de sangre en donde sólo el más fuerte sobrevive. Ese es básicamente mi rutina para encontrar las palabras precisas, con las pasiones, las lujurias, los sentimientos y las ideas más fuertes que tenga.
Otros inicios, por ejemplo: la escuela, una amistad, una relación... en general cualquier inicio resulta un idilio para mí. Por ejemplo, la mujer que amo, de haber sido igual de social que la mayoría, la cosa hubiese sido algo así:
Once de la noche, en un bar de la ciudad, la multitud baila al compás de la música que el grupo interpreta, yo traigo un whisky en las rocas en la mano, recargado en la barra, cuando volteo y la veo, me ve, ella está bailando con un amigo, me acerco y le digo a mi amigo que me permita bailar, la tomo entre mis brazos y comenzamos a movernos lentamente, viéndonos a los ojos sonrío levemente y me contesta la sonrisa; le digo algo como "Gracias a Dios que llegaste por fin a mi vida, te estaba esperando", ella sonríe, continúo "¿te parece bien si pasamos el resto de nuestras vidas juntos?" ella soltaría una ligera y nerviosa risa, me diría "eres un loco" con el tono más hermoso y romántico en la historia del hombre, y luego le diría "Mucho gusto, soy Plata, tu futuro esposo", a lo que ella contestaría sonriendo "Soy Maleni"; "Maleni, prepárate para ser feliz el resto de tu vida", acto seguido recargaría su cabeza sobre mi pecho con la seguridad de saberse en su nuevo hogar, y continuaríamos bailando al tiempo que la cámara se aleja y nos perdemos entre la gente, justo cuando inician los créditos y la primera parte del coro de "El próximo viernes" de Espinoza Paz suena de fondo.
Pero no, por más que me imagine un inicio digno de una película de comedia romántica, la realidad es que me pasé toda la noche viendo bailar a mi amigo con ella, y ya casi al final logré entablar una ligera y bastante irrelevante conversación en la que, con más suerte que astucia, logré tener su número telefónico el cual, por inseguridad mía -que siendo honestos y un tanto prosaicos, es bien fundada pues ella está demasiado buena como para que se fije en mí- no llegué a usar hasta que fue demasiado tarde, lo que nos lleva al segundo inicio.
El segundo inicio que tuve con ella, fue mera casualidad, después de entablar conversaciones ligeras y espaciadas por medio de internet -y de nueva cuenta por un tremendo golpe de suerte- conseguí salir con ella, cita en la cual no perdí tiempo y fui al grano, le dije que me gusta encabronadamente y que hay algo en ella que me hace querer estar a su lado. Ella, contrario a lo que pensé que pasaría, no me alejó... ahí fue cuando supe que de ella me iba a enamorar como nunca lo había hecho... seguimos viéndonos varias veces, le llevé serenatas, tres en el espacio de un año -incluyendo su cumpleaños, por supuesto- rosas a granel, regalos que puse especial cuidado en asegurarme que fueran impactantes y que bajo ningún motivo sospechara, salidas varias y... bueno, digamos que nos entregamos a este amor que en ambos creció.
Usted, amable lector, se preguntará qué de difícil tiene ese inicio, bueno pues -y por favor trate de no juzgarnos- un insignificante detalle: ella tiene novio.
Pensaba en la mañana sobre el cómo ciertos personajes -ficticios o reales- han provocado en mí una fuerte admiración y hasta envidia; Charles Bukowski, por ejemplo, quien a parte de escribir maravillosamente tiene ese don de amar a las mujeres sin necesidad de enamorarse, sin ataduras y simplemente entregándose al deseo carnal que lo aquejó. Don Juan Tenorio, de Zorrilla, fue otro personaje que siempre pensé que podría imitar -aunque nunca me animé- con su infalible técnica de tres días: uno para enamorarla, otro para amarla, y el tercero para olvidarla. Mi realidad es distinta, soy un romántico por excelencia, que se asemeja muchísimo más a uno de los personajes de Woody Allen que a los citados ejemplos: me enamoré y voy a pasar el resto de mi vida enamorado de ella, quizá termine junto a ella, quizá no, y esa ausencia de conocimiento sobre nuestro futuro debo confesar que me vuelve loco; quiero que sea feliz, de preferencia junto a mí, y tengo celos de pensar que mas adelante ella se enamore de otro y yo nunca tenga esa oportunidad de estar con ella, pues en estos momentos estamos alejados por circunstancias que siendo sinceros no entiendo.Pero no, por más que me imagine un inicio digno de una película de comedia romántica, la realidad es que me pasé toda la noche viendo bailar a mi amigo con ella, y ya casi al final logré entablar una ligera y bastante irrelevante conversación en la que, con más suerte que astucia, logré tener su número telefónico el cual, por inseguridad mía -que siendo honestos y un tanto prosaicos, es bien fundada pues ella está demasiado buena como para que se fije en mí- no llegué a usar hasta que fue demasiado tarde, lo que nos lleva al segundo inicio.
El segundo inicio que tuve con ella, fue mera casualidad, después de entablar conversaciones ligeras y espaciadas por medio de internet -y de nueva cuenta por un tremendo golpe de suerte- conseguí salir con ella, cita en la cual no perdí tiempo y fui al grano, le dije que me gusta encabronadamente y que hay algo en ella que me hace querer estar a su lado. Ella, contrario a lo que pensé que pasaría, no me alejó... ahí fue cuando supe que de ella me iba a enamorar como nunca lo había hecho... seguimos viéndonos varias veces, le llevé serenatas, tres en el espacio de un año -incluyendo su cumpleaños, por supuesto- rosas a granel, regalos que puse especial cuidado en asegurarme que fueran impactantes y que bajo ningún motivo sospechara, salidas varias y... bueno, digamos que nos entregamos a este amor que en ambos creció.
Usted, amable lector, se preguntará qué de difícil tiene ese inicio, bueno pues -y por favor trate de no juzgarnos- un insignificante detalle: ella tiene novio.
El inicio no siempre es como debería ser, pero no podemos hacer nada para cambiarlo, lo que es más: no debemos hacer nada para intentar cambiarlo. El inicio, cuando no es lo más ideal, no necesariamente condena el futuro de lo que se inicia, de igual modo que los inicios que son en forma y sin problemas muchas veces terminan de forma abrupta. Me atrevería a decir incluso, que los inicios que son más difíciles y fuera de formas y protocolos, son los que tienen más posibilidad de perdurar pues, como es de esperarse, cuando cuesta más es cuando más se valora, y sobre todo cuando se logran lazos más fuertes. Hablando de todos los inicios que he tenido, el mío con Maleni fue el más difícil, y a la par el mejor que he tenido, no sé si vaya a tener final, en lo personal no quiero que lo tenga, aunque me cueste la vida -sí, yo soy de los que aman a la antigua, dando su vida por la mujer amada- pero eso sólo el tiempo lo dirá. Por lo pronto, lo que si tiene que terminar es este pedazo de hipotético papel, donde hoy se me ocurrió valorar aquel inicio de lo que quiero para el resto de mi vida, porque sí, como usted adivinará, está en mis planes pasar el resto de mi vida con ella, ya le contaré -si para entonces sigue usted perdiendo el tiempo de vez en cuando en este lejano rincón cibernético- si este inicio, mí inicio, nuestro inicio, llega a tener un final. Por favor y si no es molestia para usted, amable lector, haga "changuitos" por mí.
Plata

No hay comentarios.:
Publicar un comentario