viernes, octubre 05, 2012

Alegatos finales.

El caballero se levanta de asiento, abotona su traje negro y acomoda ligeramente su corbata de satín  rojo; cierra los ojos un instante, aspira profundo y contiene un instante ese aire de esperanza que bien pudiese ser el último. Abre lentamente los ojos y al tiempo que suelta una bocanada de lo más profundo de su alma, se vuelve hacia el jurado que, atento e indeciso, contempla con cariño aquel rostro del hombre cuyo proceso defendió a capa y espada desde el principio, dando todo de sí en aquella sala donde pronto decidirían su destino. El suspenso de las palabras próximas a salir de su boca tenía a aquellas personas expectantes al borde de sus sillas; sabían bien que no habría más que aportar al caso, las pruebas se presentaron con pertinencia y prontitud, los argumentos y las causales fueron desahogadas en su momento y los careos correspondientes fueron bastos y quizá de sobra, aquellos ojos sin embargo esperaban con cierto anhelo y cierto amor inexplicable una frase, un argumento, un último y desesperado intento para facilitar el fallo, que si bien ambos, jurado y juzgado, sabían que un fallo a favor de aquel hombre -que vieron mutar varias veces durante aquel arduo proceso, de un hombre fuerte de convicciones, alegre y confiado, hasta un humilde ser humano, desnudo y vencido ante el dolor de pensarse "causa perdida", mas con cierto aire de triunfo aún en su derrota, ese orgullo que le causaba el conocimiento de haberse entregado por completo contra viento y marea- un fallo así resultaba contra todo pronóstico, en el fondo ambos secretamente deseaban el más ínfimo pretexto para agraciar a aquel hombre, que justo antes de comenzar a hablar, esbozó una ligera sonrisa hacia el jurado y una mirada de cariño y, extrañamente, de perdón y entendimiento, como si le acabasen de dar el veredicto en contra.
Dio un paso adelante y comenzó suave: "Mucho se nos ha dicho del amor, hoy en día es común tener múltiples y sabias acepciones al respecto. Yo, sin embargo, no encuentro una sola para expresar lo que siento, no he encontrado palabras durante todo el proceso y hoy, al cierre, me admito neófito. Han visto, no obstante, mi tremendo esfuerzo por expresar de manera optima y certera este mundo de sentimientos que hoy pululan en mi interior; prosa y verso a granel ha sido lo que os he entregado y, jamás dudéis,  ha sido con profundo recogimiento espiritual." pausó ligeramente, metió su mano derecha al bolsillo del pantalón, y prosiguió en un tono de auto reflexión: "Desde pequeño me enseñaron varias máximas que han regido mi vida, 'el que se enoja, pierde' decía mi abuelo, 'a donde fueres, lo que vieres' me dijo mi tío. La que ha rondado en mi cabeza con mayor frecuencia durante este proceso ha sido una máxima de mi madre 'que tus acciones hablen por ti, no tus palabras'. Así os digo entonces el día de hoy, que mi entrega a este proceso ha sido incondicional, desde el más mínimo detalle hasta la más elaborada acción que he emprendido es con dicho fin." fortaleció un poco su voz "He de ser sincero, no creí llegar hasta aquí, todo estaba en mi contra y aún así, desde el primer día hasta hoy, me resulta tan claro como el agua" al tiempo, tomó el baso lleno de agua, la contempló un instante, bebió un poco para refrescar su boca y mientras dejaba el baso, prosiguió: "tan claro y fresco como esta agua que valió la pena mi entrega, ya no por el resultado, que vos habéis de asignar, sino porque el proceso en sí, porque vos valéis cada meticuloso detalle que he presentado." Pausó, suspiró lentamente "Es difícil, lo sé, tomar esta decisión. Bien podría yo elaborar un extenso argumento ensalzando mis virtudes o lucubrando seductoras palabras para mi favor, pero algo me detiene, vos. Porque os debo el respeto y la confianza, porque deposito mi fe en vos y mi futuro y destino por igual en vuestras manos está. He imaginado varios futuros, mi mente no ha dejado de volar con profusas ideas de veredictos en contra y a favor, y la constante en tantos posibles futuros es siempre una: el amor. Vos sabéis de este amor. Se os ha presentado este amor de forma incondicional, como pocos en la historia de la humanidad han hecho y que incluso los que ignoran mi proceso jamás serían capaces de imaginar, una entrega que representa mi convicción, devoción y compromiso, que muestra el valor tan alto en que os tengo. Una entrega que el día de hoy reitero pues estará aquí después del veredicto, contra viento y marea este amor se os ha dado puro, y por su pureza y sinceridad perdurará después incluso que mi muerte, porque suyo soy..." la intensidad de las palabras que con trabajo repetía se le fue atorando en la garganta, formando nudos que al fin, inevitablemente, lo hizo callar un momento. Trató de respirar profundo, y se reincorporó: "Fallar a mi favor resultaría en la opción más difícil, lo sé. Implicaría afrontar situaciones adversas en un principio, quebrantar un pasado que aún es presente en vos, confrontar el "qué dirán" y soportar los constantes reproches que no menos de uno harán constantemente. Todo por un futuro que vos sabéis incierto. Fallar en mi contra por otro lado, y como es de esperarse, resulta lo más cómodo, seguir como si nada hubiese pasado, darme al olvido y entregarse a la realidad ya conocida. Es aquí donde tengo pleno conocimiento de lo intrincado que resulta apostar en mí." Se detuvo frente al jurado, lo miró detenidamente, abrió los brazos y exclamó "¡Aquí me tiene pues, pidiéndole a sabiendas de tener todo en contra, que apueste por mí!" bajó los brazos y continuó "Yo no sé mucho de amor, sé que amo, eso sí que lo sé. Puede darse vos entonces a la tarea de fallar en mi contra, y yo seguiré amando, desde el olvido. Sólo pido que, de ser así, no sea por miedos. Pido que el veredicto no se vea viciado por el miedo a lo nuevo. Pido, por último, que nunca predomine aquel espantoso adagio 'más vale malo conocido que bueno por conocer'." Desabrochó su saco y sacó del bolso interior derecho un pañuelo, con él se secó la frente ya con un poco de sudor que le generó tanta expectativa en torno a él. Se sabía exhausto, mas se sentía aliviado y con fuerzas para afrontar el veredicto. Regresó el pañuelo a su lugar, tomó un sorbo al baso de agua, aspiró hondo y concluyó: "Podéis vos continuar vuestra vida sin mí, condenarme al olvido; o podéis averiguar lo que el futuro os depara, a mi lado, forjándolo juntos con amor. De cualquier forma, este amor estará aquí, conmigo, feliz de haber compartido este proceso con vos. Soy suyo, haced de mí lo que os plazca." Sonrió y tomó asiento. en cuanto realizó dicha acción el rincón en donde se encontraba pareció desvanecerse en la oscuridad. El jurado, con nudo en la garganta, se enfiló al cuarto de deliberación mientras todo el recinto fue quedando en el olvido, como si fuera una ilusión... sólo quedé yo, en la penumbra, viendo como una parte de mí frotaba sus manos con nerviosismo, mientras que mi otro yo, el sereno, el que decidió dar los alegatos finales en nuestra defensa, con la mayor seguridad y calma, tomó las manos y las descansó con serenidad en sus piernas y para tranquilizarme dijo: "hicimos lo que pudimos, y lo hicimos bien, pase lo que pase jamás olvides eso."



Plata.

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